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SELLOS CON HISTORIA
Los sellos en los expedientes judiciales de los siglos XVIII, XIX y XX constituyen un elemento fundamental para comprender la cultura jurídica y administrativa de la época, ya que no solo garantizaban la autenticidad de los documentos, sino que también simbolizaban la autoridad del poder real, estatal o judicial sobre los actos registrados. Estos sellos funcionaban como dispositivos de control fiscal y legal, al estar asociados con el pago de impuestos y derechos de tramitación, pero al mismo tiempo se convirtieron en huellas materiales de las prácticas judiciales, revelando la evolución de las formas de gobierno y de la burocracia en distintos contextos históricos. El análisis de los sellos permite reconstruir las dinámicas de legitimación del poder, la materialidad de los archivos judiciales y la relación entre Estado y sociedad a lo largo de tres siglos.
Época colonial
Los sellos que se encuentran en los expedientes coloniales pertenecen a lo que se llamó “papel sellado”. Este fue establecido por el rey Felipe IV en 1636 y comenzó a usarse en a la Nueva España hasta 1640. Tuvo una doble función: dar validez legal a los documentos no solo de España, sino también de los territorios más alejados del reino; y percibir ingresos por medio del papel, pues dependiendo su uso tenía un precio distinto.
En algunos de los expedientes se pueden encontrar sellos que contienen el escudo de armas o el escudo real donde también nos indica el tipo de sello, el nombre del Rey en turno y los años en los que era válido el uso de tal papel sellado. Por ejemplo, se puede identificar la descripción:
- VEINTEIQUATRO REALES · SELLO PRIMERO · ANOS D 1694 Y 1695 (Veinticuatro reales, Sello Primero, Años de 1694 y 1695)
- CARLOUS III · D G · HISPANIAR · REX (Carlos III por la Gracia de Dios, Rey de las Españas)
Siglo XIX
Durante el siglo XIX, los sellos judiciales en México representaron un instrumento fundamental en la validación y legitimación de documentos oficiales, tanto en el ámbito administrativo como en el judicial. Estos sellos, heredados de la tradición colonial española, servían para autenticar sentencias, edictos, notificaciones y otros actos de autoridad, garantizando así su validez jurídica. La presencia del sello en los documentos no solo constituía un requisito legal, sino también un símbolo de la soberanía estatal en un contexto de construcción de instituciones republicanas tras la independencia.
A través de su iconografía y sus inscripciones, los sellos evidencian los cambios de regímenes y la afirmación de nuevas identidades políticas y jurídicas. Estos elementos gráficos no eran meramente ornamentales, sino portadores de discursos de autoridad que legitimaban el orden legal. Por lo tanto, los sellos judiciales no solo tuvieron un papel práctico en la administración de justicia, sino que también funcionaron como testimonios materiales de la cultura política y jurídica del México del siglo XIX.
Ver fotografía 1 Ver fotografía 2Finales del XIX
Luego de la Independencia los sellos en papel continuaron usándose, solo cambiando de diseño o de valor. Seguían dando oficialidad al papel y recaudaban impuestos, pero también eran un símbolo del poder y control del gobierno para con los trámites y acciones legales en el país. A nivel local, y hacia la década de 1860, se comenzaron a extender los sellos de tinta, como se observa en la primera imagen, que daban aún mayor validez al documento y ayudaban a su identificación jurisdiccional.
Es a partir de 1871 que se establece la ley del timbre, con la cual se sustituían a los sellos impresos por timbres adhesivos. Los simbolismos pasaron a ser referencias a personajes, lugares y momentos importantes y/o históricos del país. Este sistema se adoptó en Nuevo León en 1875, uniéndose así el timbre, específico para libros y documentos, y el sello del juzgado, como se muestra. Ahora en conjunto se apreciaba un estilo más sobrio y funcional, y cuya oficialidad recaía en la validez del timbre.
Ver fotografía 1 Ver fotografía 2Principios del XX
Para inicios del siglo XX los sellos se mantuvieron esencialmente funcionales. Los simbolismos de poder e identidad se recuperaron en cierta medida, aunque se reservaron a portadas. Por su parte, las referencias históricas y a los estados continuaron en los timbres. Los sellos del juzgado cambiaron su tipo de tinta, ahora con color azul o rojo, y su forma ovalada, que era totalmente circular. Así, durante la primera mitad del siglo XX este sistema se siguió utilizando masivamente.
Es en la década de los 1940 que las estampas fiscales se empiezan a ver cada vez menos en los expedientes y solo se observan en otro tipo de documentos legales, como las relacionadas con transacciones monetarias. Así, en los expedientes serán sustituidos por los sellos impresos del juzgado, centrados menos en ofrecer simbolismos y más en la utilidad de identificación y validez.
Ver fotografía 1 Ver fotografía 2Última actualización: Septiembre 4, 2025







